lunes, 30 de enero de 2012

CARLOS PÉREZ MERINERO


A través de David G. Panadero me he enterado de que ha fallecido Carlos Pérez Merinero, uno de los pioneros del género negro en España aunque, quizás por no ser mediático ni gustarle aparecer en público no es de los más conocidos, pero sí de aquellos que irrumpieron con fuerza en el panorama literario español apropiándose de un género que hasta entonces nos parecía ajeno y dándole una vuelta de tuerca demostrar, junto a otros pioneros como Andreu Martín, Juan Madrid o Julián Ibáñez, que en el Estado Español también podía escribirse una excelente novela negra.
Pérez Merinero, además, optó por un estilo duro y seco y por unas historias aún más duras, narradas habitualmente desde el prisma del delincuente. Recuerdo una frase memorable que aparecía en una de sus primeras novelas, Días de guardar (hablo de memoria, así que podría estar equivocado: “No era un hijo de puta, era un nieto de puta. El muy cabrón tenía pedigrí”.
O también esa escena de La mano armada, en la que el protagonista-delincuente era un policía, cosa nada extraña teniendo en cuenta que estaba situada en los peores años del régimen franquista, en la que un grupo de agentes de la BPS (la Brigada Política Social para quienes hayan tenido la fortuna de no vivir aquellos años) descubren a un estudiante leyendo Cosecha roja, de Dashiell Hammett y pese a las protestas de éste, que alega que se trata de una novela policíaca, le detienen, ya que ellos eran unos profesionales como la copa de un pino que no se chupaban el dedo, y estaba claro que un libro con ese título sólo podía ser un manual sobre la agricultura en el régimen soviético.
Ya no leeremos obras nuevas suyas, pero nos quedan las anteriores, la última, publicada en la colección “Garaje negro”, que dirige Manuel Blanco Chivite, se titula La niña que hacía llorar a la gente. Leerla es el mejor homenaje que se puede hacer a su autor.
Ésta es su sinopsis:
Se conocieron hace un tiempo, pero llevan años, muchos años, sin verse. Ella fue niña prodigio del cine español de los sesenta, pero ahora ya no es ninguna niña. Él no fue niño prodigio, pero sí hijo de anarquista.
El azar les unió hace años y de nuevo vuelve a hacerlo para conducirles a un pesadilla llena de realidad en la que los dos se verán las caras con otros niños.
Niños que todavía no han pasado de ser eso, niños, y que no saben que su destino es seguir siéndolo para siempre porque nunca crecerán. Los van a matar, son niños muertos. Muertos como perros. Putos perros muertos, eso es lo que son, y nadie parece decidido a acudir para rescatarlos. ¿Salvarán sus vidas o…? Cuidado con los puntos suspensivos.

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